La desaparición de los arrecifes de coral no sería solamente una tragedia ambiental. Sus consecuencias alcanzarían directamente a millones de personas.
Estos ecosistemas sirven como refugio, zona de reproducción y fuente de alimento para una enorme variedad de especies marinas.
Por eso, su deterioro puede repercutir sobre comunidades que dependen de la pesca para alimentarse y obtener ingresos.
Los arrecifes también forman una barrera natural frente a las olas, tormentas y erosión, reduciendo parte de la energía que llega a las costas.
Su pérdida dejaría a distintas comunidades costeras más expuestas mientras el aumento del nivel del mar y los fenómenos extremos añaden presión.
A ello se suma su importancia económica para el turismo y otras actividades relacionadas con los océanos.
El calentamiento del agua está acelerando el blanqueamiento y la mortalidad de coral a escala mundial.
Cuando muere un arrecife no desaparecen solamente sus colores: se debilita todo un sistema del que dependen peces, costas y personas.
















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