Antes de los Mundiales, Europa y las atajadas que recorrieron el mundo, Guillermo Ochoa era un niño de 10 años que llegó a la escuela del América con el sueño de convertirse en futbolista.
Décadas después, regresó al Estadio Azteca para recibir el homenaje de la institución y de miles de aficionados que lo vieron crecer bajo los tres postes.
Ochoa debutó con el primer equipo americanista en 2004 y terminó acumulando 448 partidos oficiales con las Águilas en dos etapas.
Su carrera después cruzó fronteras. En 2011 emprendió su aventura europea y posteriormente se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la Selección Mexicana.
Fue convocado a seis Copas del Mundo, disputó cuatro de ellas y dejó actuaciones que llevaron su nombre mucho más allá del americanismo.
Durante su homenaje recordó también a sus padres, quienes lo inscribieron cuando era niño en la escuela del América y ayudaron a comenzar aquella historia.
El mismo estadio en el que alguna vez soñó con triunfar terminó coreando su nombre.
Del niño que quería ser portero al futbolista que representó a México alrededor del mundo: Memo Ochoa cerró el círculo en casa.
















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