Mucho antes de convertirse en una de las imágenes más reconocibles de México, el xoloitzcuintle ya ocupaba un lugar especial en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos.
Entre las creencias asociadas a este animal destaca su papel como acompañante de los muertos: se consideraba que podía ayudar a las almas durante su recorrido hacia el Mictlán.
Siglos después, esa relación entre el xolo, la muerte, la identidad y la cultura mexicana forma parte de los elementos que la Ciudad de México busca preservar.
El gobierno capitalino declaró Patrimonio Cultural Inmaterial los saberes, narraciones, prácticas, creencias y simbolismos vinculados con el xoloitzcuintle.
Su presencia trascendió además el mundo prehispánico. Durante el siglo XX volvió a adquirir fuerza como símbolo de mexicanidad y apareció en distintas expresiones artísticas y culturales.
El reconocimiento llega precisamente en la temporada de Día de Muertos, cuando la figura del xolo vuelve a ocupar un lugar destacado en ofrendas y representaciones del viaje hacia el más allá.
De guía de las almas a símbolo de identidad nacional, el xolo continúa caminando junto a la historia de México.















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