El 5 de noviembre de 2009, el psiquiatra militar Nidal Malik Hasan ingresó armado a un edificio de la base Fort Hood, en Texas, donde soldados estadounidenses se preparaban para ser enviados a misiones en el extranjero.
El entonces mayor del Ejército abrió fuego contra quienes se encontraban en el lugar. Trece personas murieron y otras 32 resultaron heridas, en uno de los ataques más graves registrados dentro de una instalación militar estadounidense.
Hasan fue detenido después de recibir disparos de los agentes que respondieron a la emergencia. Las lesiones lo dejaron parcialmente paralizado y desde entonces utiliza una silla de ruedas.
Durante el juicio militar celebrado en 2013, reconoció su responsabilidad en el ataque y afirmó que había actuado para impedir que soldados estadounidenses participaran en operaciones militares contra musulmanes en Afganistán.
El tribunal lo declaró culpable y le impuso la pena de muerte. Posteriormente, el caso atravesó un prolongado proceso de apelaciones.
En marzo de 2025, la Suprema Corte estadounidense rechazó revisar su condena, lo que permitió avanzar hacia el cumplimiento de la sentencia.
El presidente Donald Trump autorizó la ejecución el 2 de octubre de 2026, mientras que el Ejército fijó el 3 de diciembre como fecha para realizar el fusilamiento.
A casi dos décadas del ataque, el caso vuelve a ocupar la atención pública, esta vez por la decisión del Pentágono de transmitir la ejecución de un exmilitar condenado por asesinar a sus propios compañeros de las Fuerzas Armadas.
















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