Alejandro Robles: el fútbol no conoce fronteras cuando se juega lejos de casa

Cuando alguien se marcha de México puede dejar atrás una casa, una calle conocida y buena parte de su rutina. Pero existen cosas que encuentran la manera de viajar con nosotros: los recuerdos, las costumbres y, para muchos, la pasión por el fútbol.

Alejandro Robles conoce esa sensación desde su propia experiencia fuera del país. En uno de los recuerdos que ha compartido sobre esa etapa aparece una escena sencilla: unos guantes de portero, una cancha y dos palabras que resumen mucho más de lo que parece: “Fútbol | Migrante”.

Para un mexicano lejos de casa, un partido puede convertirse en algo más que 90 minutos detrás de un balón.

En la cancha regresan expresiones conocidas, las bromas entre amigos, los gritos después de un gol y esa rivalidad que termina cuando acaba el partido. Por un momento, los kilómetros que separan de México parecen pesar un poco menos.

También es un punto de encuentro. Mexicanos que quizá llegaron por caminos diferentes pueden reconocerse en algo tan sencillo como formar equipos, ponerse los guantes, acomodar el balón y comenzar a jugar.

Para Alejandro Robles, el fútbol aparece así ligado a una experiencia personal: la de vivir lejos y conservar aquellos pequeños vínculos capaces de mantener cerca las raíces.

Porque uno puede cambiar de ciudad, comenzar nuevamente y construir una vida a miles de kilómetros de distancia, pero hay pasiones que también saben viajar.

Y a veces basta una cancha, un balón y algunos paisanos para volver a sentirse un poquito más cerca de México.

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